domingo, 9 de marzo de 2008

PROFESIONALES Y AMATEURS

Político en general le decimos a la persona que dedica su vida a intentar instalarse en distintos "puestos" públicos en el gobierno a través de alguno de los partidos políticos. El político de profesión intenta ser Concejal, Intendente, Gobernador, Presidente, Ministro, Senador, Secretario, Diputado. Así como el que dedica su vida a vender zapatos es zapatero y el profesional de la salud es el médico, el profesional de la política es el político.

Una de las virtudes del político profesional es que puede pasar de una tarea a otra sin mayores problemas. El que hoy es Ministro de Justicia puede ser mañana Ministro de Defensa y aquel que es Senador por Tucumán puede mañana ser Gobernador de Buenos Aires.

Pero además de estos políticos, los más famosos de los cuales ocupan puestos muy importantes y los conocemos por nombre y apellido, podemos encontrar otros tipos de políticos. Los políticos amateurs. Nos interesa hablar de los políticos amateurs, justamente porque de ellos se habla poco. Siempre que se escuchan quejas y hasta insultos contra los políticos, se está hablando de los que llamamos políticos profesionales. Pero ellos son una minoría, comparados con los políticos amateurs. Veamos un poco más sobre esta clase que intenta pasar desapercibida.

En principio hay una gran cantidad de gente que tiene un trabajo que podemos denominar público. Es decir, que cumple una función dentro del gigantesco aparato estatal. Aquí podemos encontrar desde maestros, hasta policías, desde enfermeros, hasta administrativos, desde secretarias hasta científicos. Según datos del Censo Nacional de Población Hogares y Viviendas 2001, de los 10.900.000 trabajadores ocupados, más de 2.300.000 pertenecían al sector público. Es decir que de cada 10 personas que trabajan más de 2 pertenecen al sector público.
Estos números hacen muy probable que conozcamos a algún familiar o amigo, o persona cercana que desempeña funciones públicas, un político amateur.

El otro tipo de político amateur es el resto de la población mayor de 18 años, el que tiene derechos y deberes políticos. Entre ellos, votar. En otro momento hablaremos más en profundidad sobre este tipo de político amateur. Ahora me gustaría referirme al empleado público.

Cuando los sistemas de salud, de educación, justicia, seguridad y cualquiera de las otras áreas que maneja y controla el Estado no funcionan adecuadamente (cosa que sucede demasiado seguido), siempre se echan culpas sobre los políticos "de turno". Este es el político profesional, el que tiene nombre y apellido y pretende que lo votemos en las próximas elecciones. Pero ¿qué sucede con el empleado público? ¿Qué pasa con el que no cumple adecuadamente sus tareas?

El pequeño y anónimo empleado público que llega tarde al trabajo porque nadie lo controla.
El empleado administrativo que tiene su pequeño negociado con algún proveedor.
El policía que tiene su arreglo con el cuidacoches.
El secretario del juzgado que acelera ciertas causas y duerme otras.
La recepcionista del hospital que no da el turno a quienes lo necesitan.

Parece ser que todo el resultado del funcionamiento del Estado recae en los políticos profesionales (quienes tienen, claro está, las mayores responsabilidades), y los empleados públicos son meros "trabajadores" que cumplen con su deber.

Quizás sea hora de que entendamos que todos somos políticos y que la cosa pública no puede funcionar sin el trabajo y aporte de todos. Y que buscar culpas solamente en los políticos profesionales, a veces no es más que una fácil excusa para no mirar lo que podemos mejorar nosotros, los otros políticos.